O eso decía el Sr.  Charles Maurice Talleyrand Périgord. Viene siendo una cita muy acertada en distintas facetas de la vida. Semánticamente no es sino una doble afirmación, o triple, donde la primera y segunda parte de la frase vienen reforzadas por la tercera. Cientificamente, es una frase explicable con mil ejemplos, un ejemplo químico, el equilibrio es el límite, no se puede ir más allá de él. Románticamente cuando algo no funciona, ni para delante ni para atrás, rendirse y aceptarlo como imposible puede ser la solución más efectiva o en definitiva la única solución posible. No hay necesidad alguna de obcecarse en aquello que de antemano se ve como altamente improbable.

Y sin embargo siempre queda detrás el resquicio cruel del quizás, el olorcillo dulcemente nauseabundo del tal vez, y la sensación de ronroneo curioso de un “y si fuera posible”. Pero no, xentiña, os lo digo yo, lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible.

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