1001 despedidas

En el transcurso de los años he aprendido que hacerse mayor implica despedirse. Durante la infancia las despedidas se centraban en decirle adios a los abuelos, tíos y primos durante el fin de semana hasta verlos a los 15 días. Tal vez la despedida de los compañeros del colegio cuando se acababa el curso y se acercaba el verano, despedida hasta el otoño siguiente, cosas nimias que no conllevaban ese sentimiento desgarrador de un puñal atravesandote el corazón.
La salida de la universidad, la llegada de la edad adulta ha significado una continua pérdida. Es evidente que las despedidas también llegaron al acabar el instituto, al acabar el colegio, como en cualquier etapa de la vida de uno, pero la verdad es que en aquel momento lo sentí como un alivio, a pesar del terror que conlleva una vida nueva en una ciudad nueva.
Despues comienzas a madurar, a hacer amistades de verdad, a conocer a gente que la que sintonizas, entonces que si acaban la universidad antes que tu, o se mudan a la conchinchina, y la lagrimilla empieza a caer para nunca dejar de hacerlo.
Despues tienes la bendita suerte de encontrar un trabajo en Madrid, la capital donde no conoces a nadie, donde todo es demasiado grande para una chiquilla de pueblo como tú, donde todo se mueve a 1000 por hora. Evidentemente los primeros meses son duros, hasta que conoces a la gente adecuada, te habituas a ellos, y todo se hace perfecto, simplemente te encuentras pensando un día y otro, y otro, guauuuuuuu…. “este es mi sitio”…. luego la vida te va jodiendo, y te das cuenta de que odias el trabajo que tienes, que es una puta mierda,y que aunque te gusta tu vida personal, te das cuenta de que no puedes sacrificar tu vida profesional. Así que, unos meses despues, unas cuantas despedidas después (porque ese tipo de trabajo tampoco es el soñado de tus colegas…)… encuentras otro en una esquina recóndita del mundo. Así que, sin pensarlo demasiado, empaquetas tus cosas de la capi, lloras durante un par de semana y dejas Madrid para siempre, dejando también allí un cachito perdido de tu corazón que hace que cada vez que oyes el nombre de la ciudad, o algo que te lo recuerde, una sonrisa de alegría y de tristeza se unan.
Luego el miedo y una nueva ilusión se entrelazan. Es algo que siempre has deseado, vivir fuera de España, pero al mismo tiempo el pánico te atenaza, e impide que veas las cosas con claridad, de nuevo el mundo está en contra tuya, la gente no te habla, y tu pones muecas íntimas pensando, me odian!!!…. hasta que al cabo de unos meses, más de lo deseable, te habituas, haces tus amigos, y ya no te parece que la gente te odia, sino que son así, y no actuan en contra tuya. Después esa círculo de gente en la que te incluyes, por definición “extranjeros” “inmigrantes”…. hace que las despedidas continuen… empiezas con Marta, sigues con Fernando, Juan, Carolin, María, Alex, Matteo y 1000 más que te van dejando el corazón hecho más y más pedacitos y te hacen pensar que estás haciendo con tu vida. Y darte cuenta de que odias vivir así, de que odias decir adios una y otra vez…
… así que lo que toca… lykke til a todos esperando que nuestros caminos se vuelvan a juntar!!

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