Despedidas

En esto días revueltos de sin sentidos políticos me siento completamente incapacitada para discutir las mil tramas de corrupción que son el día a día de las noticias en mi país. Así que aprovecho mi blog para hacer un pequeño homenaje a un fantástico actor que acaba de fallecer, Joan Dalmau.

Tal vez Joan Dalmau no sea el más conocido del panorama español. Que yo recuerde sus papeles son principalmente secundarios. Ahora que leo su obituario parece ser que tuvo una larga trayectoria en el teatro antes de pasarse al cine. Pero bueno, en esto de la interpretación supongo que cuenta más la calidad que la cantidad, y yo, personalmente guardo en mi recuerdo dos actuaciones suyas.

La primera fue en la película Soldados de Salamina. Es uno de los pocos casos donde puedo decir que la película me gusta más que el libro. Me fascina esta película, me encanta de una manera irracional. La he visto mil veces, creo que está llena de matices, los actores son excelentes y la historia es distinta. Los malos y los buenos se entrecruzan, de hecho se entrecruzan como lo hacen en la realidad. En breve, Soldados de Salamina cuenta la historia de una periodista que se interesa por un suceso en la vida de uno de los miembros fundadores de la falange, Rafael Sánchez Mazas. No sé si todo es ficción o hay algo de realidad en lo siguiente. Durante la guerra, Sánchez Mazas fue apresado por el bando republicano, cuando lo iban a ejecutar un soldado se apiadó de él y no disparó, le dejó huir. La periodista investiga obsesionada quién fue el soldado que dejó escapar a Sánchez Mazas, y llega hasta Dalmau…

Es precioso cuando dice “ninguno conoció las cosas buenas de la vida”. Es una pena que hayan cortado la escena en el video en youtube. La despedida de Ariadna Gil de Dalmau es preciosa, de una dulzura inmensa.

El segundo papelón que yo recuerde de Dalmau fue en Mar Adentro, la triste historia de la lucha por el derecho a morir de Ramón Sampedro. Dalmau es el padre de Sampedro, la verdad es que apenas sale en el metraje. Yo sé que Bardem debería llevarse tal vez todos los honores en esta película, Bardem está espectacular, es cierto, pero cuando recuerdo a Dalmau se me ponen los pelos como escarpias. Recuerdo claramente la parte cuando dice, con ojos llorosos, “só hai algo peor que che morra un fillo, que queira morrer”. Tal vez el mérito inmenso de esa frase sea de los guionistas, pero Dalmau se expresaba de una manera increíble sin necesidad de hablar, tenía una expresividad increíble. Recuerdo esta escena y la inocencia inmensa del sobrino de Sampedro como lo que más me impactó de esta película.

Así que descanse en paz, Sr Dalmau y gracias por compartir su arte con todos nosotros.

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