No, no voy a ser madre

Sé que es una historia común para muchas. Ni soy la primera, ni seré la última, pero aún así una se siente en cierta manera “anormal” por pertenecer a ese grupo de mujeres que no tienen ningún interés por ser madres. No debería ser así.

Ayer leí a Rosa Montero diciendo que mi generación, nacida en un mar de oportunidades ha abrazado la maternidad. Dice que muchas de los de la suya (la de mis padres) dejaron a un lado la maternidad por prioritizar una serie de cosas que en aquel momento no se podían compaginar con ella. Tal vez tenga razón, no lo sé. La realidad es que en mi círculo profesional las posiciones de mando están ocupadas por hombres. Suelen ser trabajos que requieren viajar extensivamente y estar ausente por temporadas. Una familia es difícilmente compatible con ese tipo de trabajos. Lo injusto es que sea incompatible como mujer pero no lo sea como hombre.

En mi caso no es por prioritizar mi carrera, ni nada por el estilo. De acuerdo con la sociedad soy un monstruo al que los niños no le interesan lo más mínimo. Normalmente siento que tengo que esconderme y tal vez ni publique este post, o lo oculte al cabo de dos días pero esa es la realidad. No comprendo porque tengo que disculparme por ser como soy, pero siempre lo acabo haciendo cuando alguien me interroga estúpidamente. La sociedad hace de las mujeres sin instinto de maternidad unos seres extraños. Todo ello empezando por mi padre preguntándome cuando le voy a dar nietos cada vez que hablamos. Es bastante ridículo el asunto porque para una persona que me ha conocido durante los 34 años de mi vida debería ser obvio que eso no va a pasar.

Nunca me ha interesado ni me va a interesar. A veces en tono de disculpa me justifico con extraños que me preguntan y digo que tal vez cambie de idea cuando conozca a la persona adecuada. De ese modo evito las miradas raras o los comentarios típicos “eso deciís todas y al final sois las primeras”. Intuyo que cuando galope hacia los cuarenta dejarán de decir esas estupideces.

Y por qué escribo esto si tiendo al ocultismo? Pues principalmente porque leer a Rosa Montero me hace sentir que tal vez no sea una rarita, y que realmente no hay nada malo en no querer ser madre, como no hay nada malo en querer serlo. Al final cada uno tiene una sola posesión que es su propia vida, y cada uno debe decidir lo que quiere hacer con ella. Nunca he querido ser madre, como nunca he querido ser la mujer de nadie porque en cierto modo eso acota mi yo. Leer a gente como Rosa Montero o a una señorita que insistió a su ginécologo durante años para que le ligara las trompas de falopio me alivia y me siento menos sola. Así que espero que si alguien llega aquí, leer esto le ayude.

Voy a citar a Rosa Montero para acabar: “Y a estas alturas de la vida yo ya no sé cómo explicar que, aunque tener hijos debe de ser una experiencia formidable, yo me siento tan completa o tan incompleta como cualquier persona”.

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