El viaje definitivo

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostálgico…

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

(Juan Ramón Jiménez)

Lo sé, muy alegre el poema no es. Es una despedida en toda regla donde se exalta lo efímero de la vida y que da un poco igual que uno se marche (temporalmente o para siempre), la vida sigue y seguirá. Da un poco una medida de lo insignificantes que somos en realidad. Si uno lo piensa es triste para el que se va, mas alegre para el que se queda por aquello del resquicio de esperanza.

Y no es que yo me sienta especialmente insignificante en este momento o que tenga planeado irme a ningún sitio. La realidad es que el poema me gusta lo suyo, me lo encontré un día cualquiera en un blog que seguía y que ya no existe. Así que lo recupero aquí para recordarlo en el futuro, releerlo y repensarlo. Que la poesía y su significado al final van cambiando con uno mismo.

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Cuándo todo da lo mismo porqué no hacer alpinismo?
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