Canadá

Nunca había oído hablar de Richard Ford hasta que en mi último cumpleaños mi hermano me regaló dos libros suyos. Su intención era usarme de conejillo de indias para ver si Richard Ford merecía la pena. Vaya si la merece…

¿Qué voy a decir yo de un tipo que ganó el princesa de Asturias en 2016, tiene un Pulitzer  y críticos por doquier lo consideran uno de los mejores escritores estadounidenses vivos? Supongo que lo que me queda por decir es que soy o era una inculta por no conocerlo.

Los libros eran “el día de la independencia” y “Canadá”. “El día de la independencia” ha ganado un Pulitzer (entre otros premios), así que pensé que de empezar por uno, empezaría por allí. Como ser raro que soy me gusta empezar las trilogías por su primer tomo, y resulta que “el día de la independencia” es el volumen dos de una que Richard Ford comenzó en los 80 con “el periodista deportivo”. Se ve que mi hermano estaba especialmente inspirado cuando me compró el libro… Por ello a mediados de agosto empecé a leer Canadá.

Canadá me ha costado lo suyo. Me ha costado por varios motivos, el primero es que últimamente yo sólo leo o cuando estoy de viaje o de vacaciones, y normalmente leo mejor cuando el viaje y las vacaciones me llevan a Galicia. Cogerlo en agosto fue arriesgado, siempre me pasa lo mismo, cuando vuelvo de casa, suelo venir cargada de libros y de planes de leerlos. Al cabo de una semana, a lo sumo, internet mata toda mis ansias. La segunda razón es que antes de ir a Sevilla a finales de septiembre me obsesioné con la serie “el cuento de la criada”. Me obsesioné tanto que como una desesperada fui a un Fnac de Sevilla, y me compré la novela en la que se basa la serie. La deboré (lentamente, ya he dicho que no leo) y Canadá se quedó desplazado.

De manera que Canadá me ha acompañado en mis viajes durante los últimos 6 meses. Ha estado conmigo en Terneuzen, en Middelburg, en Amsterdam, en Sevilla, en Regina y finalmente en Galicia. Tal vez Canadá se habría quedado en Noruega después de Sevilla pero quiso la casualidad que el trabajo me llevara durante dos semanas de noviembre a Regina y Belle Plaine en Saskatchewan. Practicamente la mitad del libro está ambientada en la provincia canadiense de Saskatchewan. Cómo podía dejar de leerlo?

Me ha gustado Canadá por su sencillez. Aparte de lo mencionado arriba, me ha costado leerlo porque tarda en arrancar. Es decir, arranca a velocidad de rayo con las frases “Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después”. Richard Ford, de este modo, te cuenta todo lo que pasa de enjundia en el libro. Pero luego se para en los detalles, por ejemplo tarda muchísimo en llegar al atraco. Lo cual, retrospectivamente no creo que sea un error, todos y cada uno de los detalles te ayudan a entender a Dell Parsons (el protagonista) y en cierto modo a identificarte con él. A Dell le pasan muchas cosas en el libro, la mayoría malas y que dista mucho de merecer. Ford no se vanagloria en ello, no quiere que el lector se entristezca. Él simplemente lo cuenta. Tu reacción hacia los hechos contados es tu puto problema, no el suyo. Evidentemente el Saskatchewan donde yo he estado en 2017 dista mucho del que pudo vivir el protagonista en los 60, pero aún así haber vivido el comienzo del invierno, con el viento y el frío cortante, sin duda ayuda a comprender la dureza de lo vivido por Dell.

Canadá me ha gustado mucho. Es un libro tan bonito como triste. Richard Ford está ahí pero no lo ves. Realmente consigue que lo único que veas sea a Dell Parsons, que te imagines sus dudas, sientas su pureza, su no entender y veas el mundo a través de sus confusos ojos. Intuyo que esto es lo que diferencia la “literatura” del “producto de consumo”. En definitiva, un libro absolutamente recomendable.

Canadá se quedó en Galicia. Ahora me he puesto con “el periodista deportivo” que pinta muy bien. Si consigo leerlo antes de que mi aficción lectora decaiga, allá en la recámara están la segunda y la tercera parte de la trilogía. Todo ello significa que tal vez Richard Ford vuelva a presentarse en este blog, o tal vez no…

“Si hay otra cosa que se pueda aprender del periodismo deportivo es que en la vida no hay nada trascendente. Las cosas siempre vienen y se van, y eso es ley de vida. Todo lo demás es una mentira de la literatura…” (Richard Ford, “el periodista deportivo”)

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Cuándo todo da lo mismo, ¿por qué no hacer alpinismo?
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