Pan da Moa

Os voy a contar a que dediqué mi domingo.

Vivo encima de una asociación de sordos. El típico comentario de la gente  “se oye mucho ruido, verdad?”. A lo que tengo que contestar no están mucho pero cuando están se nota. Cuando ponen música toda mi casa vibra y sus fiestas suelen prolongarse hasta bien entrada la noche. El sábado tuvieron fiesta. En consecuencia me quedé dormida tarde, y en consecuencia el domingo me levanté tarde.

Me levanté y desayuné. Fíjate que cosa más rara.

Lo siguiente fue ver un par de capítulos en Netflix de la comedia “one day at a time” que sorprendentemente me gustó bastante.

Lo siguiente probablemente fue mirar la hora y pensar, nena, en la lista está recoger el salón, recoger la cocina, limpiar la cocina, limpiar el baño, etc… etc… Lázaro, levántate y anda!

Vi uno o dos capítulos más.

Y finalmente me puse a ello… Ordené la cocina, puse el lavavajillas, hice de comer, comí. Limpié la cocina. Oye, que interesante, verdad?

Y finalmente me entró en la cabeza “Pan da Moa” (que viene siendo una panadería en Santiago). Así que me puse a buscar información en internet. No es que no supiera nada de “Pan da Moa”, lo cierto es que los sigo en Instagram desde hace un rato largo. He leído su sección en el libro de Iban Yarza “Pan casero”, y ahora en el nuevo libro, “Pan de Pueblo”. La novedad es que en Navidades estuve en Santiago y me pasé por allí.

Lo voy a contar. No fui a Santiago a propósito a comprar pan en “Pan da Moa”, estoy un poco chalada, pero Santiago queda a una hora en coche de casa de mis padres. Lo que pasa es que el nombre “Pan da Moa” lleva ronroneando en mi cabeza tanto tiempo que no me pude resistir. Además acababa de comprar “Pan de Pueblo”. Y de tanto ver fotos y videos de Guillermo Moscoso Moure (el dueño), casi me da la impresión de que somos colegas de toda la vida. Pues eso, como iba a Santiago sopesé la posibilidad de pasarme por “Pan da Moa”. Vi que la mayoría de sus panaderías estaban a tomar por culo, vamos que no estaban al ladico mismo de la Catedral o del campus sur. Esto me desilusionó ligeramente. Pero había una que estaba en Fontiñas, cerca de Área Central y no demasiado lejos de un nuevo centro comercial de Santiago que la menda lerenda no conocía. Me devané un poco los sesos. Era normal darle tanta importancia a visitar esta panadería? La verdad es que no lo sé, pero una es así…

Si, lo habéis adivinado. Fui al centro comercial de marras, dejé el coche aparcado allí y había decidido ir a “Pan da Moa”. El problema es que estas Navidades la climatología en Galicia no ha sido mi amiga. Que sí, que ya sé que se necesita que llueva a mares. Lo que yo no acabo de entender es porqué tuvo que llover precisamente los 10 días que estuve allí. En resumidas cuentas, llovía. No llovía a mares, pero llovía. Así que mi raciocinio me dijo, compra comida para llevarte a Noruega en el Carrefour, que el pan está muy rico pero no resiste meses y meses en la nevera. Y a ello fui, a abastecerme de los típicos bienes básicos y necesarios que uno no encuentra por estas tierras. Otro día os los resumo.

Pero cuando acabé, el erre que erre con “Pan da Moa” seguía allí… Erre que erre en mi cabeza… Y como todavía tenía tiempo pues allá fui armada con el GPS de mi móvil camino a la panadería. Lo cierto es que la zona me confundió bastante. Mis recuerdos de Fontiñas se centran en aquellos tiempos en la prehistoria (véase 2004) cuando conducía penosamente por allí (i.e. clases de conducir). Es cierto que la panadería está justo en frente de Área Central (centro comercial de Santiago) pero es que allí no hay nada más. Da la impresión de que uno no pasa por allí, sabe que está allí. No sé si era la hora del día o la climatología poco favorable, pero la zona estaba más muerta que viva. Aún así en “Pan da Moa” había una pequeña cola.

Allí me planté pues. Entré y mis ojos hicieron chiribitas por todas partes. Masa nai por aquí masa nai por allá. Al final por esto de que me iba a pasar todo el día en Santiago, cogí una barra de larga fermentación y un par de barras de masa madre. Quería una bolla pero me resistí a la tentación. Aparte, como estaba un poco famélica me pimplé una empanadilla de zorza. La empanilla nada del otro jueves, que mala no estaba, oye… Las barras de masa madre… mmm…

Cuando llegué a casa, a eso de las 11 de la noche, entre mis padres y mi hermano nos pimplamos la primera barra. Congelé el resto. Un cachito de la barra de masa madre quedó para el día siguiente. Mi madre la comió en el desayuno y me dijo: “teu abuelo sempre dicía que agora o pan está bo pola mañán pero pola noite xa non vale un carallo. Este pan hoxe aínda sabe”. Y en casa de mi abuelo, la panadería del pueblo hacía reparto a domicilio, es decir no era pan de supermercado… En fin, que viva las fermentaciones largas y fermentos naturales.

A mi la acidez de ese pan me recuerda a mi niñez. Los fines de semana, al pasar por Porriño, para ir a casa de mis abuelos, siempre parábamos en una panadería mítica y comprábamos unha bola de pan do Porriño y unas cuantas barras. Después de que esa panadería cerrara ningún pan me ha sabido igual. No voy a decir que no exista la posibilidad de que lo haya idealizado en mi mente, pero ahí queda…

Pues eso, esta es la historia de porqué ayer me puse a buscar más información de “Pan da Moa”. En fin, mientras recogía el salón y limpiaba el baño me tragué (y lo disfruté) un programa de radio de una hora donde entrevistaban a Guillermo Moscoso Moure. Aparte por el medio me vi un video de 40 minutos en youtube (“Informe en V” Moita Miga), vi otros videos más cortos, como una conversación entre los Moscoso Moure e Ibán Yarza o chuminadas varias. Leí cosas varias, entre ellas un artículo de prensa de El país de 2016. Y supongo que algo más que se me ha olvidado por el camino. Se habla mucho también del blog de Guillermo Moscoso, pero eso ayer, no me dio tiempo.

Me gusta el rollo que tiene el heredero de “Pan da Moa”. En muchas profesiones se tiende al secretismo con la intención de que nadie pueda hacer lo que tu haces para eliminar a la competencia. Pero eso también significa que nunca vas a mejorar. Da la impresión de que el secretismo no va con Moscoso Moure y tiene una faceta divulgadora tan interesante como la panadera. Además tiene conocimientos y sabe de lo que habla, y no me refiero solo a amasar o cocer pan, sino a la ciencia que hay detrás, a los bichitos y demás que hacen que a veces la cosa funcione y a veces no. Es cierto que no todo el mundo vale para hacer lo que él hace, pero es extremadamente importante hacerlo para que nuestra tradición no se pierda. Moscoso Moure dice mucho que el pan gallego es el mejor del mundo y que el problema del pan en Galicia no es tanto como en el resto de España. Tal vez esté en lo cierto y hay panaderías en mi pueblo donde hacen pan artesano. Yo por ahora no las he encontrado pero sería estupendo ahorrarme el viaje a Santiago. Aparte hay un montón de molinos de agua abandonados y nuestra historia panadera se desconoce. Probablemente no todo el mundo sabe que antes la gente iba a los molinos de piedra, molía su grano, y luego en casa hacía su pan. Cuando un vecino no tenía “fermento” iba a pedirle al vecino que había horneado el día anterior, etc. Todo eso debería saberse, publicitarse, anunciarse como parte de nuestra cultura, para que no se olvide, para que no se pierda.

Creo que era al final del programa de radio que Guillermo Moscoso Moure decía que el no pretendía hacerse rico con el negocio panadero, y que su intención no era abrir veinte panaderías en la comarca. Como diciendo que a él le valía con que su profesión le proporcionara suficiente dinero para vivir porque su profesión le apasiona. Es evidente que si en Pan da Moa deciden industrializar el proceso de producción, a la larga perderían su signo de identidad y a su clientela. Es decir se transformarían en una panadería más. Es obvio, y a la vez tan bonito escucharlo. Esto que comentaba este chico, me hico recordar a la panadería ecológica que tenemos aquí en mi pueblo noruego. Soy afortunada, y vivo a 2 minutos de ella. La dueña de la panadería hace lo mismo que Mocoso Moure pero a nivel noruego, es decir muy pequeña escala. Da cursos en su panadería, sale en la televisión nacional, y poquito a poquito se ha hecho un nombre. La panadería lleva funcionando 3 o 4 años y es raro llegar allí y que no se haya formado ninguna cola. La producción es completamente artesanal. El local donde amasan, cuecen, levan, venden y hacen los cursos no debe tener más de 50 m2. Son 4 personas trabajando allí de manera permanente. La dueña de la panadería siempre recalca lo mismo, dice que hay un límite de producción para el tamaño de su panadería, sobrepasarlo significaría disminuir la calidad del producto, y ella no está dispuesta a eso porque no es así como ve el negocio de la panadería. Básicamente lo mismo que dice Moscoso Moure. Oirlo de dos personas tan distintas, en dos idiomas tan distintos situados en sitios tan dispares me parece precioso.

Y para acabar….

 

 

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Cuándo todo da lo mismo, ¿por qué no hacer alpinismo?
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