Chaves Nogales

De nuevo he entrado en barrena obsesiva. La verdad es que cada vez me pasa menos, pero mire usted, me pasó hace un par de semanas.

Definamos:

Preludio – siempre me ha gustado el señor Arturo Pérez Reverte. No voy a decir que siempre esté de acuerdo con él porque ni lo he seguido tanto ni lo he leído tanto como para hacer tal afirmación. Lo que si me parece Pérez Reverte es una persona consecuente y honesta. El hombre tiene sus opiniones y no se vende.

A veces mato un poco el tiempo en YouTube, y no todo va a ser ver vídeos de Broncano y compañía… En ocasiones me entra un rollo cultureta y me pongo a ver entrevistas más a lo serio. Puede ser que vea el programa de Pablo Iglesias o cualquier otro del estilo (Sánchez Dragó, por ejemplo).  En fin… no sé muy bien cómo hace unas semanas llegué a un vídeo de Pérez Reverte como conferenciante.

Hilo – en el vídeo se veía como Pérez Reverte era una de las estrellas invitadas por la universidad de Sevilla a unas jornadas acerca de la Guerra Civil. Me diréis, que coñazo, ¿tú también con la Guerra Civil?… Pues si. Yo también estoy hasta los mismísimos  de la guerra que no he vivido y de que todo quisqui la mente para utilizar lo que en ella pasó a su antojo. Intuyo que ni unos fueron tan buenos ni otros fueron tan malos. No quiero cadáveres en cunetas, o en fosas comunes pero me importa un carajo dónde entierren a Franco. Preferiría que el Pazo de Meirás y demás pertenencias que Franco robó les fueran confiscadas a su familia para ser utilizadas en beneficio de todos. No sé, seguro que se pueden crear una jartá de albergues o llenar un poquillo las arcas públicas que anda bastante vacías. Pero me he desviado…

Pues nada, Sevilla… Resulta que Pérez Reverte no era exactamente una estrella invitada sino uno de los promotores de las jornadas. El discurso del señor Reverte me entusiasma. Es un hombre apasionado y se le nota cuando habla. La parte que me encantó fue cuando empezó a hablar de Manuel Chaves Nogales. Hasta entonces, yo que me considero una persona letrada, no había oído hablar de él.

Si, son casi dos horas de charla. Yo la recomiendo. Y hay ciertas probabilidades que yo misma la vuelva a ver en un futuro no muy lejano. Un poco por eso escribo este post aquí. Me hago mayor y a veces se me olvidan las cosas…

Pero para abrir el apetito voy a hacer un pequeño resumen. Según Pérez Reverte, y unos cuantos más,  Manuel Chaves Nogales fue uno de los mejores periodistas del siglo XX. Y no hablan solamente de España. Chaves Nogales antes de la guerra civil se dedicó a viajar por Europa en unos tiempos especialmente convulsos para empaparse de lo que en ella estaba pasando. Y, evidentemente, para escribir de ello a posteriori. El tipo decía que solamente hablaba español y no pretendía aprender ningún otro idioma porque ello iría en detrimento del suyo que era la herramienta que le daba de comer… (Un lapso aqui… cuántas veces habré pensado que mi castellano se me va a la mierda con tanto noruego/inglés…!!).

Chaves Nogales era republicano, pero sobretodo, según Pérez Reverte era un demócrata. Aún siendo más próximo al bando de izquierdas, nunca se privó de criticar a los dos. Por eso mismo ha sido vetado por derechas y por izquierdas y probablemente por eso yo no tenía ni pajolera idea de quien era.

Pérez Reverte dice que el mejor libro que se ha escrito de nuestra guerra es “A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España”. A la vez dice que su prólogo debería leerse en cada escuela de España, por dos motivos, para entender mejor lo que pasó y para evitar que se repita. Entendiendo que la educación es la única arma que puede acabar con el odio y la incomprensión. ¿He dicho ya que me encanta Pérez Reverte? Aquí abajo mi selección/extracto de partes favoritas del prólogo:

“Yo era eso que los sociólogos llaman un «pequeñoburgués liberal», ciudadano de una república democrática y parlamentaria. Trabajador intelectual al servicio de la
industria regida por una burguesía capitalista heredera inmediata de la aristocracia terrateniente (…). Cuando iba a Moscú y al regreso contaba que los obreros rusos viven mal y soportan una dictadura que se hacen la ilusión de ejercer, mi patrón me felicitaba y me daba cariñosas palmaditas en la espalda. Cuando al regreso de Roma aseguraba que el fascismo no ha aumentado en un gramo la ración de pan del italiano, ni ha sabido acrecentar el acervo de sus valores morales, mi patrón no se mostraba tan satisfecho de mí ni creía que yo fuese realmente un buen periodista (…).
Antifascista y antirrevolucionario por temperamento, me negaba sistemáticamente a creer en la virtud salutífera de las grandes conmociones y aguardaba trabajando, confiado en el curso fatal de las leyes de la evolución. Todo revolucionario, con el debido respeto, me ha parecido siempre algo tan pernicioso como cualquier reaccionario.
(…) mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y a la crueldad; es decir, una aversión natural al único pecado que para mí existe, el pecado contra la inteligencia (…).
Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España. (…) Los caldos de cultivo de esta nueva peste, germinada en ese gran pudridero de Asia, nos los sirvieron los laboratorios de  Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo, y el desapercibido hombre celtíbero los absorbió ávidamente. (…) Idiotas y asesinos se han producido y actuado con idéntica profusión e intensidad en los dos bandos que se partieran España. De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros. (…).

Cuando estalló la guerra civil, me quedé en mi puesto cumpliendo mi deber profesional. 
(…) Me fui cuando tuve la íntima convicción de que todo estaba perdido y ya no había nada que salvar, cuando el terror no me dejaba vivir y la sangre me ahogaba. ¡Cuidado! En mi deserción pesaba tanto la sangre derramada por las cuadrillas de asesinos que ejercían el terror rojo en Madrid como la que vertían los aviones de Franco, asesinando mujeres y niños inocentes. Y tanto o más miedo tenía a la barbarie de los moros, los bandidos del Tercio y los asesinos de la Falange, que a que a la de los analfabetos anarquistas o comunistas.

Los «espíritus fuertes» dirán seguramente que esta repugnancia por la humana carnicería es un sentimentalismo anacrónico. (…) yo he querido permitirme el lujo de no tener ninguna solidaridad con los asesinos. Para un español quizá sea éste un lujo excesivo. Se paga caro, desde luego. El precio, hoy por hoy, es la Patria. Pero, la verdad, entre ser una especie de abisinio desteñido, que es a lo que le condena a uno el general Franco, o un kirguís de Occidente, como quisieran los agentes del bolchevismo, es preferible meterse las manos en los bolsillos y echar a andar por el mundo, por la parte habitable de mundo que nos queda, aun a sabiendas de que en esta época de estrechos y egoístas nacionalismos el exiliado, el sin patria, es en todas partes un huésped indeseable que tiene que hacerse perdonar a fuerza de humildad y servidumbre su existencia. De cualquier modo, soporto mejor la servidumbre en tierra ajena que en mi propia casa (…).

El resultado final de esta lucha no me preocupa demasiado. No me interesa gran cosa saber que el futuro dictador de España va a salir de un lado u otro de las trincheras. Es igual. El hombre fuerte, el caudillo, el triunfador que al final ha de asentar las posaderas en el charco de sangre de mi país y con el cuchillo entre los dientes —según la imagen clásica— va a mantener en servidumbre a los celtíberos supervivientes, puede salir indistintamente de uno u otro lado. Desde luego, no será ninguno de los líderes o caudillos que han provocado con su estupidez y su crueldad monstruosas este gran cataclismo de España. A ésos, a todos, absolutamente a todos, los ahoga ya la sangre vertida. (…). El de que el nuevo Estado español cuente con la confianza de un grupo de potencias europeas y sea sencillamente tolerado por otro, o viceversa. No habrá más. Ni colonia fascista ni avanzada del comunismo. Ni tiranía aristocrática ni dictadura del proletariado. En lo interior, un gobierno dictatorial que con las armas en la mano obligará a los españoles a trabajar desesperadamente y a pasar hambre sin rechistar durante veinte años, hasta que hayamos pagado la guerra. Rojo o blanco, capitán del ejército o comisario político, fascista o comunista, probablemente ninguna de las dos cosas, o ambas a la vez, el cómitre que nos hará remar a latigazos hasta salir de esta galerna ha de ser igualmente cruel e inhumano. En lo exterior, un Estado fuerte, colocado bajo la protección de unas naciones y la vigilancia de otras. Que sean éstas o aquéllas, esta mínima cosa que se decidirá al fin en torno a una mesa y que dependerá en gran parte de la inteligencia de los negociadores, habrá costado a España más de medio millón de muertos. Podía haber sido más barato. Cuando llegué a esta conclusión abandoné mi puesto en la lucha (…) 

Montrouge (Seine), enero-mayo de 1937″ (Chaves Nogales)

Conclusión¿está claro que libro me voy a comprar estas navidades? Que lo lea o no ya es otra historia. La intención de leerlo, la hay…

Posdata – el prólogo entero es fetén. Lo he recortado que da gusto (y a mi gusto) para no machacar al personal pero se recomienda encarecidamente.  Para vagos, la lectura del prólogo por Juan Echanove:

Y para gente tan chunga como yo que cuando algo le interesa quiere más y más… hay un par de vídeos de Youtube la mar de estupendos con entrevistas a la hija y un par de nietos de Chaves Nogales.

Hay otro vídeo, con Pérez Reverte en las jornadas de Sevilla con la hija de Chaves Nogales y el hijo de ésta, pero no lo encuentro, así que… pónganse las pilas, hagan algo y búsquenlo!

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