El ganglión.

Yo pensaba que me podría mantener constante en la idea absurda de que todavía tengo 20 años. 25 a lo máximo. Al fin y al cabo todavía me piden el carnet de identidad cuando voy al Vinmonopol (véase a comprar alcohol).

Y podría permanecer estancada en esa idea estupenda de que como mi piel tiene pocas arrugas y me pelo pocas canas, mi edad sigue siendo la misma.

No tengo mayores achaques que me hagan pensar que me hago mayor, pero alguno, algunos tengo.

En diciembre tuve un dolor de cuello inmovilizante salido de la nada. En la vida me había pasado y decidí achacárselo al teletrabajo, a la lluvia que hizo que prácticamente no me moviera y a la vida y sus miserias…

Los dientes por lo menos están bien. No me han arrancado ninguna muela más, no tengo ninguna corona extra y sigo con mis dos muelas del juicio clavadas/encarnadas en la mandíbula.

Y un día decidí que si no iba a caminar tenía que saltar a la comba porque hay que moverse y dicen que es un ejercicio muy completo y cojonudo. Y la verdad es que saltar a la comba me divertía. Cada día iba mejorando.

Después del primer día mis gemelos estaban como rocas.

Al cabo de un par de días me dolía todo el cuerpo por las agujetas mortales de saltar unos 100 veces…. Dos de cada vez a lo máximo, no os vayáis a pensar… y esto mientras en Youtube había mil retos de saltar 1000 veces al día durante una semana (cualo?!….)

El pie me molestaba un poco pero pensé que era simplemente por el esguince que había tenido en Octubre. Si, lo del esguince se me olvidó comentarlo porque se puede achacar a la torpeza, a la estupidez, más que a la edad.

Y un día decidí que ya que el dolor no paraba iba a dejar de saltar por unos días. No era un dolor incapacitante, más bien era una molestia eterna en el talón de Aquiles cuando decidía doblarlo/usarlo. Dados los problemas de una conocida con la ruptura de su talón de Aquiles y subsecuentes operaciones que la llevaron a estar unos 2 o 3 años a caballo entre muletas y sillas de ruedas, me empecé a preocupar.

Y la cosa siguió empeorando. Un día en el sofá me noté un bultito raro, o al menos distinto cerca del tobillo. No me molestaba pero me molestaba que estuviera allí. Como un hueso fuera de sitio, o no sé un algo que está donde no debería. Decidí que tal vez era hora de llamar al fisioterapeuta, o al médico.

Pero seguí caminando, al final parar de moverse es peor, no?

Al día siguiente me puse los zapatos de todos los días y noté ciertas molestias. Fui andando al trabajo y noté molestias. Llegué al trabajo y pedí cita con el fisioterapeuta… A la tarde tuve que subir 5 pisos de escaleras. Al cabo de dos, me moría de dolor, pero no iba sola así que resistí y subí a rastras y lentamente.

De vuelta a la oficina aflojé el calzado y respiré un poco con alivio y preocupación. Se me hacía que el problema no era el salto a la comba, ni el esguince, ni el andar, pero el puto ganglión que me había salido en el pie hace unos años y había vuelto a llamar a la puerta.

El ganglión me debió salir en el 2017 o 2018 aunque tardamos un tiempo en ponerle nombre. Me dijeron que si no me molestaba, que lo dejara estar, que era benigno y que aunque lo drenara el líquido podía volver. Y realmente desde que me apareció sólo me había dado mala vida una vez.

Aquella vez, en 2019 mi yo no tan joven, pero más joven que ahora, se fue de vacaciones a Japón. Lo cual está muy bien, Japón es la re-hostia… pero a mi ganglión no le sentó bien el abuso desmesurado que una menda hizo de él. El ganglión se subió a un avión en clase turista (realmente a dos)… aguantó la llegada a un hotel en Tokyo, vio una cama con deseo tras demasiadas horas sin haberse amodorrado en una… pero no se le dejó probarla…. A cambio siguió unas 12 horas más caminando y explorando, sin un masaje, sin un mimo. Sin nada, sólo frío y desesperanza. Porque en el puto Tokyo, aquel año, a finales de abril hacía un frío mortal. El ganglión no notó demasiado pero su dueña, sí.

Y así siguieron dos días más de tortura en Tokyo con 8 horas contadas de sueño, y andar y andar y andar más. Y mientras la tripilla vibraba de alegría el ganglión se enfadaba por el agravio comparativo. Aún así aguantó quejándose ligeramente hacia el final de la jornada… una especie de recuerde, señora… estoy aquí…. llevo abaneando su peso y “ligereza” durante mil horas, un poquito de por favor…

Y llegó el día de ir a Kamakura. Todos hemos visto imágenes del metro de Tokyo donde uno tiene que hacer un poco de catapulta infernal o efecto resorte para cerrar las puertas del metro tras de si. Y la dueña del ganglión, también. Así que en un arranque de preocupación, a la par que inconsciencia y desconocimiento de sus propias capacidades, decidió que lo óptimo sería llevar sobre su espalda una maleta de 15 kg mientras se movía por Japón. Porque las ruedas habrían sido un problema en el metro…

Al ganglión no le gustó.

Y a la espalda tampoco.

Y en el metro no había tanta gente… y había mucho espacio… y había muchos metros. Y muchos japoneses, si, pero todos muy amables como para no hacerte un huequito entre medias…

Así que cuando el ganglión tuvo que dejar Tokyo para ir a Kamakura con un peso extra de 15 kg sobre si mismo, se reveló… mandó todos los males, mil pinchazos de dolor… y señales de… señora, ya va siendo hora de parar.

Y como el ganglión manda, se paró. En Kamakura, a las 5 de la tarde el ganglión estaba en su cama nido, o litera, o llámesele x, una de esas camas cápsulas que tienen los japoneses.

Desde entonces el ganglión ha sido feliz. Incluso ha subido a Trolltunga (y bajado) y no se quejó. Subió alguna montaña más, y tampoco se quejó, y se dejó llevar son su sempiterna paciencia.

Y tal vez simplemente fueron las gotitas que han ido colmando el vaso ya pobre de paciencia. O tal vez lo de la comba fue demasiado, o bien la combinación comba, con esguince no totalmente curado con unos zapatos muy apretados, pensando en el esguince… Y tal vez el ganglión se celó y la criatura decidió volver a la vida revelándose con toda su virulencia.

Ganglión, se bueno conmigo, prometo que te voy a tratar con mimo, darte masajes y besitos…

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Cuándo todo da lo mismo, ¿por qué no hacer alpinismo?
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